domingo, 3 de diciembre de 2017

El hijo póstumo.

Espera rodeado de tormentas
el hijo póstumo bajo la noche
en la voz perdida de quienes gritan su nombre
mientras él olvida
se desaparece haciéndose pequeño
es todo lo que queda
todo lo que cabe
en su bolsillo- maleta
mientras viaja el mundo
todos los mundos
como fondo de equipaje.

A veces se considera afortunado
aunque hubiera preferido romperse el alma
dejarse la piel en otra parte
morir de viejo antes de tiempo
no nacer si para ello
hubiera de metamorfosearse
otra vez en hombre.

No sé si soy un certero narrador de su epopeya
o si nos recome el alma certera su premura
su ansia incompleta
sin sabor a nadie
sin voz de ninguno
simple estancia de no saberse
de no querer descubrir la forma
de no avanzar
de guarecerse
en la constante matriz de lo cotidiano.

Galimatías completo y perfecto
hecho de sobras y repudios
de cada pasado impredecible
este es el personaje que transito
entre la muchedumbre dispuesta a inmolarse
en el espacio de la calma y la penumbra
bajo la esperanza a prueba de contrastes
en el epitelio perpendicular
sobre los rumbos
que jamás se revelaron
por los que no se paga condena
sino tributo
apariencia ostentosa
de saberse
elegido
por la nada, por nada, por ninguno.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 7 de agosto de 2017

A un maestro.

Porque recuerdo tu nombre
y en parte nos miramos el alma 
se nos encendía la espera
de la sonrisa simplona 
del buenos días siempre
de saber que acudíamos para jugar con los colores
bajo la mirada atenta de su comedia.

Nos reímos, tanto
estaba en conexión precisa
era de los pocos que decía
vete de aquí, ya lo tienes hecho
qué haces en la escuela
te digo que dibujes algo y me haces un Goya...
coincidíamos en particularidades 
era fácil hablar mientras sus compañeros 
difamaban su genio
siempre alguno quedaba para balbucear
pero que tranquila, medida y sanadora 
era esa clase
era ese tiempo
era esa pertinente amabilidad
siempre contigo, para con nosotros.

Nunca importaba llegar pronto
y casi siempre nos echaba usted
así mandaba: lárgate de aquí
salir, decidir, extirpar cualquier veneno
en el barracón, detrás de todos aquellos trastos
el olor a ceras, todo el maquillaje
que poco discutíamos 
en ese premio que hicimos cotidiano
el año último, el de después
cuando decidí empezar a irme.

Queda dicho, tampoco abundar en la memoria
no hace falta que dejemos recuerdos
en la vivencia del externo
de la voluntad de ser lo que hayamos sido
de conocer la bondad y lo generoso
que puede ser un hombre escondido.

(Un hombre en la penumbra
se quita el sombrero 
ante el resquicio de nuestra brevedad.)

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Ferran Garrigues Insa

sábado, 29 de julio de 2017

Virtudes de los castillos de arena.

Dime dónde te haces y te deshaces 
degradándote en espacios incompletos
te aplacas sin esta caricia 
bajo la sonda de esos ojos perdidos en la lumbre
en qué cuarto oscuro repleto de gatos
en qué callejón frío 
abrazando cachorros 
esperando ningún amor humano
ningún amor ya 
en esta retahíla de desconocidos
que solo buscan escapar
de cada decisión inevitable
de cada ojo avasallado
de cada garganta tomada
de cada cabello crespo
aletargado tras el escalofrío.

Dime, cuéntame despacio el absoluto abismo
en el que conminas la pena y la gloria
y las voces tercas de las madres y de los padres
deshechos en las cloacas del marasmo.

Ofréceme 
la sabiduría perpétua de todos los perdidos
la carencia malinterpretada del asfalto
el desbarajuste, desprendido y descalabrado
que son cada una de tus relaciones
el vacío ignoto al que te vinculas 
cada amanecer, cada momento de pausa
que se hace servidumbre del vahído
se hace eco del hambre
estrofa de la última contienda
latente frase capital
verso inmediato después de muerto
labio partido de sangre estrépita
molienda material del espíritu
el enojo, la paz, la rabia, el desacuerdo.

Dime, en tu lugar primero
en la escapada precaria hacia la espiral
debajo de la frontera mimética 
en el esperanzado salto inconsistente
donde te flojean las piernas, el temblor
por todo el cuerpo la reflexión
la inflexión, el modo adecuado
el modo ajustado, la máscara indicativa 
espejo frecuente de toda referencia.

Dime si cabe decir algo
mientras esperamos juntos la racha y el martillo
el soplo de viento perfecto hinchando la vela
en el otro lado del mundo
mientras tentamos todavía frases monosilábicas 
utilizando la apariencia frontal de las pantallas
el invisible repicar de la gota
el absurdo propósito 
de desvestirse una y otra vez
mientras nos decimos y me dices 
y te digo y nos contamos 
y nos hacemos y no
de arena y sueño
otra y otra vez
hasta demorar lo incuestionable
que nos hizo lo que no
y lo que sí
mientras tanto
mientras las mareas
de nuestra exactitud.

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Ferran Garrigues Insa

domingo, 9 de julio de 2017

Entraña y espera.

Es normal que duela
a pesar de tantas veces 
esta misma enfermedad 
que viene sin avisar
y nos deje carentes y ausentes
esperanzados y ciegos
espaciados y discordantes
tan ambiguos como desconocidos
tan hechos a la medida de nadie
aparentes huecos, sin voluntad
de regresar, solo esperando 
un camino alejado de la fortaleza 
de la emancipación.

Es normal que nos acosen 
las precariedades de este elemento humano
la falta de coraje, la negación de las promesas
el estado abrasivo de los que se aman
amontonados en las aceras 
esperando el pequeño guiño que les salve.

Es normal que nos desenfunde la gracia
el pequeño cuajo
donde el arma añora el precipicio
la violenta preparación de los inconstantes
prejuicios, voluntad y estigma
por toda esta fatalidad 
donde tomamos las más terribles decisiones.

Es normal que no nos dañe
tanto dolor de parte a parte
y se nos salven los costados
la fatalidad descrita tornando chiste
la saliva jugando a sonreír antes de tiempo
desnuda la carcajada nos abuse
se nos rompa la faz hecha cristales
estornude el último vahído
el alma escapando de los lastres
esperando sin esperar nada
echándose a perder sin más y sin menos
solo echándose a perder.

Es normal que nos transformen
todas esas pequeñas estrategias
los gemidos propios 
de un animal moribundo
las parálisis ocasionales 
que desgrana esta peripecia
este traslado
esta ausencia 
de coraje, de coraza, de servidumbre
es demasiado normal
que nos encontremos tan a gusto
en las veredas de la reconciliación 
en los resortes del camino
en los límites de nuestra ignorante fronda.

Es normal, demasiado normal
tan normal
estarnos mirando la plaga
el avance intangible de su bocado
que nos oscurece todo
nos oscurece tanto
sin saber a donde ir
después de la última sentencia
que nos hemos adjudicado
para el resto
de esta corta 
transición.

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Ferran Garrigues Insa

viernes, 30 de junio de 2017

Aparentando que juegas.

Hoy parece que juegas
parece 
que no te has dado cuenta
no te has dado cuenta todavía
de la longitud interminable de este abrazo
porque no volveremos a él
se nos hace extrema y necesaria
esta micra de piel
que nos conecta todavía
parece 
que estamos hechos de la misma 
interminable estrategia
pero no
nos queda un hemisferio
una apenas paladeada situación insoportable
mientras parece 
todo parece
y nada se descubre
antes de decirnos todavía
que nos queda algo
nos queda todo
borrándonos
borrándonos de un extremo a la deriva
de la deriva al encuentro
a la pérdida
hoy parece que juego
parece
que repito 
la misma fórmula
una y otra vez
un ruego
intentando, no sé qué
volver a la primera decisión 
antes del discurso
antes de sabernos 
de entender qué somos
hacia dónde nos hemos dirigido
presentes en la pupila de nuestra huída
ausentes, ausentes, trepanados
buscando qué nos queda
qué nos queda
qué
se nos hace dura la reflexión
cuando no queda sobre qué
y las respuestas se ocultan 
en una verdad demasiado estricta
demasiado dura
demasiado enfrente
para nosotros
hijos de la sombra
recostados en la ladera
de nuestra migración.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 29 de junio de 2017

Frecuencias.

Profundidad del desapego
en los pequeños objetos cotidianos
en las estampas fotográficas
que nos destinan y predestinan
a ser una memoria más
un tiempo desperdiciado
al intentar lo imposible.

Excúsame este segundo que tomas
para abrevar este discurso
pues nada
has de encontrar
en la nada
solo el camino a desandar
el filamento
para volver al destino
de uno que no se encuentra
entre las contínuas aflicciones
que nadie comprende.

Nada importa si creas un vergel magnífico
una majestuosa presencia invencible
en tus abrazos o en la caricia donde anticipas el fin
cuando el fin se encuentra en todas partes
en los lugares invencibles, también
en los lugares invencibles sobre todo.

Se prepara el camino para el desastre
en las pequeñas oquedades mortuorias
que nos contagian la ilusión
matándonos de lado a lado
de parte a parte
dejando el aire
espeso como sangre
hecho pedazos
sin nada para respirar.

Y nos hipnotiza el desamparo
entre los hombres que se azoran
como pequeños monstruos ambiguos 
a nuestro derredor 
mientras andamos previos a la caída
por los lugares calmos
donde siempre vuelve a amanecer.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 11 de mayo de 2017

Mórbida.

Me quedé en blanco
de pie, confuso
espaciado
hecho de materiales fungibles
pasado de rosca
roto
vacío
hastiado de venganza
cargado de ira
me hice daño
levante la piel de las entrañas
volví a mirar ese espejo roto
ayer mismo
cuando quise acordarme
entre tanto que pasé el rato
y dejó de importunarme la necesidad de saberlo todo
así de paso, me hice el muerto
dejé la mente divagar el entreacto
pasar la fronda de los viajes
especular si moriré en serio hoy o algún día
pronto, porque el hígado y qué sé yo qué más
no me preocupa demasiado
mientras todavía sé que hallo palabras
en la catarsis de soñar un nuevo juego
de ver el lugar al que apunto
todavía a tiempo
mientras pasan las horas en los colmos
se llenan a rebosar las voces de palabrería
los cuerpos no muestran amor ninguno
las manos cesan toda caricia inoportuna
se fermenta el verbo del que miente
y todos le aplauden y le miman
mientras seguimos mirando horizontales 
el todo que retumba
en la misteriosa corriente de los invencibles
donde nos encontramos
una y otra vez
antes de la lucha
en la frontera de la derrota
que conocemos tan bien.

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Ferran Garrigues Insa